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Asesinato del Che en Bolivia


Asesinato del Che en Bolivia

Dec 19, 2007
Mario Terán, fue el sargento boliviano que asesinó a Ernesto Che Guevara el 9 de octubre de 1967, en la escuelita de La Higuera en Bolivia. Terán vive en el más completo anonimato en Santa Cruz. Hundido totalmente en la indigencia, subsiste sólo con su miserable pensión de antiguo soldado.Según el antiguo agente de la CIA Félix Rodríguez, que participó en la captura del Che, Terán, al recibir la orden de sus jefes, tuvo que acudir al alcohol para llenarse de valor y poder cumplirla. Él mismo narró después a la prensa que temblaba como una hoja ante aquel hombre a quien en aquel momento vio «grande, muy grande, enorme».Che, herido y desarmado, sentado en el piso de tierra de la humilde escuelita, lo observó vacilante y temeroso, y tuvo todo el coraje que le faltaba a su asesino para abrirse la raída camisa verdeolivo, descubrirse el pecho y gritarle: «No tiembles más y dispara aquí, que vas a matar a un hombre.» El suboficial Mario Terán, cumpliendo órdenes de los generales René Barrientos y Alfredo Ovando, de la Casa Blanca y de la CIA, disparó. Antes había asesinado a sangre fría a todos los demás prisioneros.El agente de la CIA Félix Rodríguez le dijo antes a Terán: 'sargento, hay órdenes de su gobierno de eliminar al prisionero. No le tire de aquí para arriba. Tírele para abajo porque se supone que son heridas de combate'. Murió de heridas en combate. 'Sí mi capitán, sí mi capitán', respondió. El propio sargento Terán contó: “Cuando llegué al aula el Che estaba sentado en un banco y le dije: - 'Che vengo a hablar contigo'. Y él respondió, 'no seas hijoeputa que sé que vienes a matarme’.Yo me sentí cohibido y bajé la cabeza sin responder. Entonces me preguntó: -¿Qué han dicho los otros? Le respondí que no habían dicho nada, y él comentó:-¡Eran unos valientes!Yo no me atrevía a disparar. En ese momento vi al Che grande, muy grande, enorme. Sus ojos brillaban intensamente. Sentí que se me echaba encima y cuando me miró fijamente, me dio un mareo. Pensé que con un movimiento rápido, el Che podría quitarme el arma. -Póngase sereno –me dijo– y apunte bien, ¡va usted a matar a un hombre! “Entonces di un paso atrás, hacia el umbral de la puerta, cerré los ojos y disparé la primera ráfaga. El Che, con las piernas destrozadas, cayó al suelo, se contorsionó y comenzó a regar muchísima sangre. Yo recobré el ánimo y disparé la segunda ráfaga, que lo alcanzó en un brazo, en el hombro y en el corazón. Ya estaba muerto”. Entre una y diez a una y veinte se oyó la ráfaga. Fue con una carabina M-2 automática.Anciano ya, puedo apreciar los colores del cielo y de la selva, disfrutar la sonrisa de sus nietos y presenciar partidos de fútbol. Mario Terán, un hombre educado en la idea de matar no pudo con su gatillo acabar con las ideas de su víctima. * El relato de Terán fue extraído del libro “Argentinos”, tomo 2, de Jorge Lanata.

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